Fotos de La Prensa/E.Parrales/Archivo
Carlos Cruz grita con desesperación, se revuelca en el piso de
tierra de su casa, ubicada en el barrio San José Oriental, en Managua.
Un canal de televisión nacional transmite el momento en que se da
golpes contra el piso y la pared, golpes que parecen no hacerle daño a
su esquelético cuerpo, ni le deja moretones en su piel pálida. Su madre
despavorida pide ayuda a los vecinos. Cruz, de 26 años, se comporta de
una manera extraña.
Cruz —quien se dedicaba a la albañilería— se caracteriza por ser un
joven educado, con hablar pausado y voz fina. Su mamá doña Agustina
López, de 57 años, relató a los medios de comunicación que su hijo
durante tres días se había convertido en otra persona, era vulgar,
grosero, blasfemaba cada vez que veía imágenes religiosas y su voz era
ronca.
Era tanta la desesperación y miedo que sentía doña Agustina cuando
vio a su hijo revolcarse, que pidió ayuda por varios medios. Llamó a la
ambulancia, a los canales de televisión nacional, a una radio, a un
pastor evangélico y hasta un hechicero para que le ayudaran de alguna
manera a controlar a su hijo que al parecer estaba poseído por otro ser.
Y así, en la primera semana de junio, los televidentes de toda
Nicaragua pudieron ver cómo Cruz irrumpía con sus alaridos en la
tranquilidad que predomina en este barrio. Su madre daba declaraciones a
los periodistas. Sus vecinos agarraban al joven mientras un pastor
evangélico oraba y en nombre de Dios le ordenaba al demonio que dejara
el cuerpo de Cruz, que se fuera.
Cruz, o quien quiera que hablara desde su cuerpo, gritaba que lo
dejaran. Escupía. Intentaba golpear al pastor, lo insultaba, amenazaba
con matarlo. “¡Te voy a matar maldito! ¡Dejame!”, gritaba con una voz
ronca. Al cabo de ciertas horas, el pastor dijo que Cruz ya no estaba
poseído por el demonio.
Doña Agustina afirma que su hijo fue hechizado por su ex novia. Al
parecer Cruz había terminado con su novia porque está enamorado de otra
joven y ella, según doña Agustina, por venganza fue donde un brujo
para hacerle un maleficio a al joven.
Una semana después, Carlos Cruz se fue del barrio. Doña Agustina le
sugirió que fuera a vivir donde una hermana de ella en Jinotega. Ella
también está dispuesta a irse. Quiere olvidar.
“Ese episodio ha traumatizado a mi único hijo. Además porque en el
barrio muchos le empezaron a decir loco, demonio, satanás y eso mi hijo
no lo iba a soportar”, explica doña Agustina quien se dedica a la
limpieza en uno de los hospitales de la capital.
Cruz no ha vuelto a tener esos ataques desde que el pastor le hizo
el exorcismo. Según cuenta su mamá, su hijo está buscando ayuda
espiritual, yendo a oraciones y orando todos los días para evitar ser
poseído por el demonio nuevamente.
¿Existe el demonio? ¿Es posible que puedan tomar el control de una persona?
Existen muchas personas que no creen que un demonio pueda controlar
el cuerpo y comportamiento de una persona. Las personas que han tenido
una experiencia demoníaca afirman que hay que vivir esa experiencia
para creerla, porque se trata de algo sobrenatural.
Lo cierto es que las referencias de personas endemoniadas datan
desde las primeras civilizaciones en el mundo. Muchas culturas y
religiones tienen descripciones diversas de la posesión del demonio
sobre una persona. En el caso de la religión católica, luego de
estudiado el caso, habiendo consultado en lo posible a psiquiatras o
psicólogos y con la aprobación del obispo local se procede a un
exorcismo para la expulsión del o las entidades que tomaron el control
del individuo.
Según explica el padre Sergio Hernández, exorcista oficial de
Granada, los demonios pueden poseer personas para sus propios
objetivos. Y entre las manifestaciones comunes, están la aversión que
siente la persona hacia lo sagrado, enfermedades sin causa aparente,
manifestaciones sobrenaturales, fuerza sobrehumana. Sentimientos de
ira, odio o rencor.
El padre explica que las personas están fuertemente influenciadas
por las perturbaciones, tentaciones y obsesiones por lo que es más
fácil que una persona se vea afectada. En forma temeraria y a veces
ignorantemente, dice el sacerdote, aceptan la presencia demoníaca en su
vida a través de distintas prácticas como los rituales de brujería, o
bien son víctimas de hechizos, desde el seno materno o a través de
juegos como la güija o ouija (tablero usado en espiritismo que tiene
las letras del alfabeto alrededor donde se desliza un vaso u otro
objeto que va señalando cada letra para transmitir un mensaje del más
allá).
El padre Hernández desde 1976, mientras estudiaba en el Seminario
para ser sacerdote en México, era parte de un grupo liberador de
demonios. Se documentó y aprendió el ritual de liberación. Tiempo
después se especializó en exorcismos y ahora ya es exorcista oficial
ante la Iglesia católica.
El exorcismo —explica— son las oraciones que hace la Iglesia para
liberar a las personas que han caído bajo el influjo de la acción
diabólica. La oración del exorcismo corresponde a un discernimiento
llevado a cabo con un ritual. “Los demonios tienen sus propios límites,
que son puestos por Dios. Un demonio no puede tomar control de una
persona sin el consentimiento de Dios, que lo hace para un mayor bien
de la persona”, afirma el padre.
No existe una cifra de cuántos exorcismos se han realizado en
Nicaragua. El padre Hernández tampoco lleva contabilizado cuántas
liberaciones ha hecho desde 1976. Pero cuenta que la semana pasada, por
ejemplo, recibió siete casos.
“Siempre hay un cierto temor cuando se libera un demonio.
Experimento angustias, sobre todo cuando veo la violencia en los ojos
del poseso, es una mirada espantosa, llena de odio. Pero a la vez
siento compasión por la persona, y es lindo ver cómo el demonio poco a
poco va perdiendo fuerzas. Me satisface ser un instrumento de Dios para
hacer las liberaciones”, afirma el padre Hernández. El sacerdote tiene
el pelo blanco y una sonrisa cándida que denota sencillez.
¿Poseído o alteración mental? El padre Hernández, quien además es
psicólogo, trabaja de la mano con psiquiatras porque, según cuenta, la
Iglesia sugiere que los exorcistas deben desconfiar de una intervención
diabólica. “Se hace un estudio del tipo de vida de la persona, se
deriva a éste al psiquiatra para que descarte un proceso histérico o
algún trastorno mental. Aunque a veces de primer momento se sabe cuándo
una persona está posesa”, explica.
Desde el punto de vista científico, el siquiatra Nelson García
Lanzas afirma que hay personas que pueden tener rasgos de personalidad
que se orientan hacia lo supersticioso y que alimentan las ideas
relacionadas al esoterismo, magia, brujería y satanismo.
“Existen además trastornos mentales de ideas delirantes paranoides,
esquizofrenia, también trastornos bipolares. Una persona con estas
patologías es más susceptible a darle vida a ideas satánicas que las
desarrollan y las viven”, explica García.
Tanto el padre Hernández como el psiquiatra García no descartan que
existen personas que practican satanismo o hechicerías y que se
aprovechan de personas susceptibles a creer en el espiritismo. “La
mente es poderosa. Si lo creo lo veo, si lo veo lo vivo, si lo vivo lo
siento y es real”, afirma García.
Según la experiencia del doctor García, son frecuentes las visitas a su
consultorio de personas que afirman estar poseídas por algún demonio.
“La mayoría de pacientes que he atendido han respondido bien al
tratamiento anticicótico, pero debo afirmar que hay casos donde el
problema es meramente espiritual, en ese caso recurrimos a los
sacerdotes. Yo trabajo la patología y ellos la parte de la fe.
Perfectamente un trastorno mental puede originarse en un conflicto
espiritual interno que luego cae en la patología.
La ciencia —explica García— no niega la fe sino que le da validez
para que a través de la fe puedan ser también manejado los casos.
Los exorcismos pueden durar minutos, horas, días o años y ser
llevados a cabo en varias sesiones. El padre Hernández cuenta que a
veces hace oraciones de liberación sin ayuda de nadie, pero cuando la
posesión es total requiere de ayudantes. Éste es el grupo de liberación
que lo ha ayudado por tres años, desde que se oficializó como
exorcista de Granada en la iglesia La Merced.
Doña Ernestina Córdoba, de 56 años, es una de las colaboradoras con
el grupo de liberación. Explica que para poder apoyar a la liberación
del demonio es preciso estar en paz y vivir en eucaristía.
“Cuando uno vive en paz con Dios, Él le va dando carisma al trabajo
que realizamos, yo me aferro en la fe, y es por eso que no temo ante
las manifestaciones del demonio en algunas personas. Yo siento la
presencia pero no temo... cuando el demonio se está manifestando en el
lugar donde estamos, ya sea un cuarto o una sala, cambia la
temperatura”, cuenta doña Ernestina. Asimismo explica que de nada sirve
el exorcismo si la persona no ayuda y si le deja “las puertas
abiertas” para que entre nuevamente el demonio.
Doña Ernestina, quien es originaria de Granada y madre de tres
hijos, considera que es necesario que las personas sean liberadas de
las posesiones del demonio porque si no, al morir, se van al infierno y
en vida, viven con perturbaciones, miedos y depresiones.
Doña Luvy Obando de Barberena, tiene 52 años, también forma parte
del grupo de liberación en apoyo al padre Hernández. Ella tiene un don
especial, el don de la visión. Hace aproximadamente tres años, doña
Luvy, quien siempre ha participado en actividades religiosas, sobre
todo con la oración al Santísimo, tuvo una experiencia con un joven que
tenía manifestaciones típicas de un endemoniado. Cuenta que lo
arrodilló delante del altar de una iglesia e imploró al demonio que en
nombre de Dios dejara a esa persona. “En ese momento vi a un animal
espantoso que salió. Pude verlo porque Dios me dio el don de visión.
A este mismo joven le hicieron dos exorcismos más. Luego que doña
Luvy lo arrodillara ante el altar, lo presentaron con el padre
Hernández quien procedió a hacerle otra liberación. “En esta ocasión,
sentamos al muchacho en una silla, pero yo no lo veía a él, sino a un
animal grande, verde, escamoso, que se quejaba y gemía. Rezamos el
rosario y vi cómo ese animal se alejaba de la habitación. Mientras
tanto, la barriga se le estiraba y se movía con una fuerza
sobrehumana”.
Doña Luvy cuenta que al inicio, cuando tenía las visiones, sentía
temor, igual que cuando presenciaba los exorcismos. Afirma que, a pesar
de ese temor, es gratificante cuando la persona es liberada.
“Es horrible ver a una persona poseída, descontrolada. Pero también
es impresionante, increíble. Las personas se retuercen, la forma de la
cara les cambia, tienen una sonrisa sarcástica, el estómago se les
infla tal como si estuvieran embarazadas, gimen, gritan, patalean y al
final, vomitan una sustancia espumosa”, cuenta doña Luvy.
En el momento del exorcismo, el grupo de oración ora, reza el
rosario, unos sostienen a la persona posesa, mientras el padre con la
cruz en una mano y en la otra el libro del ritual, repite asiduamente
las oraciones de liberación. Utiliza además, el incienso y la sal
exorcizados.
Hace dos años, Ramona Vindell tenía 19 años, cursaba el quinto año
de secundaria en una escuela pública en el barrio San Judas. Jugaba
desmoche ( juego de cartas) con sus amigas de la escuela. Eran las siete
de la noche y una de sus amigas les propuso hacer un juego diabólico
con las cartas.
Impregnadas de curiosidad lo hicieron. El juego consistía en
hacerle preguntas al diablo y éste les contestaría con un sí o con un
no. Si la carta salía corazón, la respuesta era positiva. Si la carta
salía con el signo del vasto, la respuesta era negativa.
Esa noche no hubo ninguna manifestación. Días después compraron la güija en el Mercado Oriental.
Dice que no recuerda las preguntas que hacían. Pero eran preguntas
“inocentes”, sólo recuerda haber pedido al diablo que se manifestara
para ver si era cierto que el juego funcionaba.
Tres días después Vindell, estudiante de técnico en contabilidad,
empezó a vivir un calvario. Creía que se estaba volviendo loca. Veía
sombras que pasaban detrás de ella. Escuchaba voces, susurros sin
llegar a entender lo que le decían. Salía al patio de su casa y sentía
escalofríos. Al inicio no asoció esas manifestaciones con haber jugado
la güija. Pero sentía miedo y no quería comentarle a sus padres por
temor a que la regañaran.
Al cabo de una semana estaba más asustada. Se despertaba por
pesadillas. Empezó a sentir extraño su cuerpo. Tenía ganas de gritar,
patalear y se enojaba fácilmente. Decidió comentarle a sus padres
porque veía las sombras cada vez más seguido. Su mamá decidió llevarla a
la Iglesia bautista donde asiste en ese barrio. Le contó al pastor y
éste decidió atender el caso de Vindell.
“Cuando el pastor de la Iglesia donde asiste mi mamá empezó a orar,
sentí cómo el cuerpo me temblaba. Intentaba controlarme pero no podía.
El pastor leía la Biblia y gritaba: ‘sal demonio, te ordeno en el
nombre del Señor’. Empecé a llorar y a gritar, pero sentía que no era
yo. Fue muy extraño”, cuenta Ramona con ojos asustados y vidriosos.
Está a punto de llorar.
Desde entonces Ramona afirma haberle cerrado las puertas al demonio,
por eso asiste todos los días a misa. Luego de esta experiencia asiste
a la Iglesia y su comportamiento es mejor. Sus dos amigas, con las que
jugó la güija no le creen que el demonio se haya manifestado, pero
prefirieron botar el juego, por todo y todo”.
Según el padre Hernández ése es el propósito de Dios cuando permite
que el demonio tome el control de una persona, “para que cambie de vida
y se acerque a la religión”. Sostiene que el exorcismo es algo
positivo, es la liberación de muchos males emocionales y físicos.
Cuenta doña Agustina que su hijo Carlos no recuerda mucho de lo
sucedido. Se asombra cada vez que ve las imágenes que los vecinos
grabaron del noticiero que lo televisó, mientras él se revolcaba en el
piso y el pastor oraba. Desde ese día Carlos no deja de agradecerle a
Dios por haberlo salvado del demonio.
ANTECEDENTES
Las referencias más antiguas de personas endemoniadas datan desde
la época de los sumerios, quienes creían que todas las enfermedades del
cuerpo y de la mente eran causadas por demonios.
Durante la edad media cientos de gatos, cabras y otros animales
fueron sacrificados debido a la creencia que se encarnaban o estaban
poseídos por un demonio.
En 1977 en Enfield, Londres, Janet y Pete Harper entraban en una
especie de trance, con voz áspera y masculina, con lenguaje soez y
obsceno aseguraban ser un hombre que había muerto en la casa donde
vivían. El caso nunca se resolvió.
El caso de Emily Rose, ha sido el más famoso de exorcismos en la
historia, tanto que se llevó al cine. La película está inspirada en la
historia verídica de Anneliese Michel, una joven alemana que se creyó
que fue poseída por seis o más demonios. Falleció en 1976.
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